Vuelto Julián a su habitación, quedó sumido en ese estado de estupor y de inquieta alarma en que cae el alma que acaba de obtener lo que desde largo tiempo antes venía deseando, del alma habituada a desear y que, ni encuentra ya nada que desear, ni conserva recuerdos que llenen el vacío que en ella dejaron los deseos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario